lunes, 16 de julio de 2012

Ensayo Grupal Sociedad del Conocimiento y Sociedad de la Información







INTRODUCCION

Entre los usos del habla en la actualidad y en casi toda obra dedicada a la Internet y a los efectos de las nuevas tecnologías en las sociedades, figura cada vez con mayor asiduidad, pero a la vez con imprecisiones, el referente a la Sociedad del Conocimiento. Tanto para determinar ejes privativos de cada sociedad en áreas geopolíticas diferentes, como para señalar caminos de desarrollo a partir de propósitos determinados o por la educación o por la ciencia y la tecnología y también para la gestión de trabajos mediados por las tecnologías. El término no es nuevo pero se asentó con fuerza en América Latina y Central en el siglo XXI, particularmente después del 11 de septiembre del 2001. El concepto remite a una nueva era en que la vida humana estará impregnada con mayor fuerza por una producción técnica. Alrededor de este eje que se convierte en proceso político destacado por programas gubernamentales y convocatorias internacionales, todo lo relativo a la civilización toma un sesgo diferente por el valor dado a una energía derivada de las telecomunicaciones que se transforma en economía para el desarrollo.
Menos nuevo es el uso del término Información y su recurrente Sociedad de la Información que se cree que sólo nombra a lo informático. Como señala Armand Mattelart, la sociedad regida por la información, o por el "dato", coincide con el proyecto de la modernidad, fue el lenguaje matemático como arquetipo de razonamiento y de la acción el que ha despertado esta curiosidad en el mundo occidental 

Desde la perspectiva sociológica las controversias sobre la nominación a las sociedades según épocas históricas han sido consustanciales al nacimiento propio de la sociología. Recordemos que la misma nació tanto por los cambios que acaecieron por la Revolución Industrial como por sus efectos en las instituciones y en las relaciones sociales, atribuyendo según teóricos, o padres fundadores, papeles especiales ya fueren al empresariado o a las clases sociales. Con el informacionalismo están pasando procesos semejantes, éste recorre desde las ideas de los thinks thanks, la política, la ideología, las clases sociales y sus luchas, la futurología, los medios académicos, pero instaura un nuevo lenguaje y una nueva ontología en la que el diseño del uso de diversas prácticas deviene a su vez en diferentes relaciones sociales.

Lo que hoy es denominado revolución del conocimiento está compuesto por avances digitales y biotecnológicos y es considerada la principal fuente de riqueza de las economías dinámicas y competitivas. De manera que la revolución informática, la digital y la genética han transformado al mundo y son las formas actuales de generar riquezas para las sociedades. El término sociedad del conocimiento resulta polisémico y tendrá usos indistintos según fuere para la educación, la ciencia en función de economía o la recurrencia a un progreso indefinido con la que cada sociedad se salvará de las crisis mundiales y nacionales.

Nos detendremos aquí en el peculiar uso del término la sociedad del conocimiento, que no es indistinto en América Latina y en las consecuencias de la aplicación del paradigma digital emanado por los países del Norte. Con una imitación en los del Sur, la perpetuación de brechas económicas y sociales por una diferente división del trabajo que ha determinado un cambio en el modo en que la estructura de producción capitalista arroja a las periferias todas sus excrecencias, en las que ha cambiado la circulación de los datos y los objetos en función del uso intensivo de las máquinas de información. Por último trataremos de acercarnos a la propuesta que el conocimiento no es una particularidad de la técnica sino una convergencia entre la política y la técnica, que se adecua según momentos históricos en matices, nudos y coyunturas.


 La Sociedad Del Conocimiento y  Sociedad de La Información

Vivimos en una época de cambios o un cambio de época? ¿Cómo caracterizar a las profundas transformaciones que vienen con la acelerada introducción en la sociedad de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC)? ¿Se trata de una nueva etapa de la sociedad industrial o estamos entrando en una nueva era? “Aldea global”, “era tecnotrónica”, “sociedad postindustrial”, “era o sociedad de la información” y “sociedad del conocimiento” son algunos de los términos que se han acuñado en el intento por identificar y entender el alcance de estos cambios. Pero mientras el debate prosigue en el ámbito teórico, la realidad corre por delante y los medios de comunicación eligen los nombres que hemos de usar.
Cualquier término que usemos, en el fondo, es un atajo que nos permite hacer referencia a un fenómeno actual o futuro, sin tener que describirlo cada vez; pero el término escogido no define, de por sí, un contenido. El contenido emerge de los usos en un contexto social dado, que a su vez influyen en las percepciones y expectativas ya que cada término lleva consigo un pasado y un sentido (o sentidos), con su respectivo bagaje ideológico. Era de esperarse, entonces, que cualquier término que se quiera emplear para designar la sociedad en la que vivimos, o a la cual aspiramos, sea objeto de una disputa de sentidos, tras la que se enfrentan diferentes proyectos de sociedad.
En el marco de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información                       CMSI, hay dos términos que han ocupado el escenario: sociedad de la información y sociedad del conocimiento, con sus respectivas variantes. Pero, si bien el marco impuso el uso del primero, desde un inicio provocó disconformidad y ningún término ha logrado un consenso.

Historia de los términos

Sociedad de la información
En la última década, la expresión “sociedad de la información” se ha consagrado sin lugar a dudas como el término hegemónico, no necesariamente porque exprese una claridad teórica, sino por el bautizo que recibió en las políticas oficiales de los países más desarrollados, además de la coronación que significó honrarlo con una Cumbre Mundial.
Los antecedentes del término, sin embargo, datan de décadas anteriores. En 1973, el sociólogo estadounidense Daniel Bell introdujo la noción de la “sociedad de la información” en su libro El advenimiento de la sociedad post-industrial, donde formula que el eje principal de ésta será el conocimiento teórico y advierte que los servicios basados en el conocimiento habrán de convertirse en la estructura central de la nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información, donde las ideologías resultarán sobrando.
Esta expresión reaparece con fuerza en los años 90, en el contexto del desarrollo de Internet y de las TIC. A partir de 1995, fue incluida en la agenda de las reuniones del G7 (luego G8, donde se juntan los jefes de Estado o gobierno de las naciones más poderosas del planeta). Se ha abordado en foros de la Comunidad Europea y de la OCDE (los treinta países más desarrollados del mundo) y ha sido adoptada por el gobierno de los Estados Unidos, así como por varias agencias de las Naciones Unidas y por el Grupo Banco Mundial. Todo ello con gran eco mediático. A partir de 1998, fue elegida, primero en la Unión Internacional de Telecomunicaciones y luego en la ONU, como el nombre de la Cumbre Mundial a realizarse en 2003 y 2005.
En este contexto, el concepto de “sociedad de la información”, como construcción política e ideológica, se ha desarrollado de la mano de la globalización neoliberal, cuya principal meta ha sido acelerar la instauración de un mercado mundial abierto y “autorregulado”. Esta política ha contado con la estrecha colaboración de organismos multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, para que los países débiles abandonen las regulaciones nacionales o medidas proteccionistas que “desalentarían” la inversión; todo ello con el conocido resultado de la escandalosa profundización de las brechas entre ricos y pobres en el mundo.
En efecto, para fines de siglo, cuando la mayoría de los países desarrollados ya habían adoptado políticas de desarrollo de la infraestructura de las TIC, se produce el auge espectacular del mercado de acciones de la industria de la comunicación. Pero los mercados del Norte comienzan a saturarse. Entonces, se intensifican las presiones hacia los países en desarrollo para que dejen la vía libre a la inversión de las empresas de telecomunicaciones e informática, en busca de nuevos mercados para absorber sus excedentes de ganancias. Es en este contexto que se convoca la CMSI; panorama que se modifica, sin embargo, una vez que estalla la burbuja bursátil a partir del año 2000. No obstante esta realidad y el rol clave que las tecnologías de la comunicación han desempeñado en la aceleración de la globalización económica, su imagen pública está más asociada a los aspectos más “amigables” de la globalización, como Internet, telefonía celular e internacional, TV por satélite, etc. Así, la sociedad de la información ha asumido la función de “embajadora de buena voluntad” de la globalización, cuyos “beneficios” podrían estar al alcance de todos/as, si solamente se pudiera estrechar la “brecha digital”.

Sociedad del conocimiento

La noción de “sociedad del conocimiento” surgió hacia finales de los años 90 y es empleada particularmente en medios académicos, como alternativa de algunos a “sociedad de la información”.
La UNESCO, en particular, ha adoptado el término “sociedad del conocimiento”, o su variante “sociedades del saber”, dentro de sus políticas institucionales. Ha desarrollado una reflexión en torno al tema, que busca incorporar una concepción más integral, no en relación únicamente con la dimensión económica. Por ejemplo, Abdul Waheed Khan (subdirector general de la UNESCO para la Comunicación y la Información), aporta lo siguiente:
“La sociedad de la Información es la piedra angular de las sociedades del conocimiento. El concepto de “sociedad de la información”, a mi parecer, está relacionado con la idea de la “innovación tecnológica”, mientras que el concepto de “sociedades del conocimiento” incluye una dimensión de transformación social, cultural, económica, política e institucional, así como una perspectiva más pluralista y desarrolladora. El concepto de “sociedades del conocimiento” es preferible al de la “sociedad de la información” ya que expresa mejor la complejidad y el dinamismo de los cambios que se están dando. (...) el conocimiento en cuestión no sólo es importante para el crecimiento económico sino también para empoderar y desarrollar todos los sectores de la sociedad”.
Un matiz en este debate, que solo concierne a los idiomas latinos, es la distinción entre sociedad del “conocimiento” o del “saber”. La noción de “saberes” implica certezas más precisas o prácticas, mientras que conocimiento abarca una comprensión más global o analítica.
 André Gorz considera que los conocimientos se refieren a “contenidos formalizados, objetivados, que no pueden, por definición, pertenecer a las personas... El saber está hecho de experiencias y de prácticas que se volvieron evidencias intuitivas y costumbres”. Para Gorz, la “inteligencia” cubre toda la gama de capacidades que permite combinar saberes con conocimientos. Sugiere, entonces, que “la sociedad del conocimiento” se traduzca por “sociedad de la inteligencia”.
En todo caso, por lo general, en este contexto se utiliza indistintamente sociedad del conocimiento o del saber, si bien en español conocimiento parece ser más usual.

Definiciones actuales: 
 
Es preciso diferenciar aquí aquellas definiciones que apuntan a caracterizar una realidad existente o emergente de aquellas que expresan una visión -o anhelo- de una sociedad potencial. Las dos son relevantes: las primeras por su aporte al análisis, las segundas porque orientan políticas y acciones.
En la primera categoría nos referiremos a Manuel Castells por ser uno de los investigadores que más ha desarrollado el tema, además de ser una autoridad reconocida en la materia. Castells prefiere el término “sociedad informacional” antes que “sociedad de la información” (haciendo la comparación con la diferencia entre industria e industrial). Él señala que si bien el conocimiento y la información son elementos decisivos en todos los modos de desarrollo, “el término informacional indica el atributo de una forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este período histórico”.
Más adelante precisa: “Lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos”. Y acota: “La difusión de la tecnología amplifica infinitamente su poder cuando sus usuarios se la apropian y la redefinen. Las nuevas tecnologías de la información no son sólo herramientas que aplicar, sino procesos que desarrollar. (...) Por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no sólo un elemento decisivo del sistema de producción”.
En cuanto a la sociedad del conocimiento, en una publicación posterior señala: “se trata de una sociedad en la que las condiciones de generación de conocimiento y procesamiento de información han sido sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica centrada en el procesamiento de información, en la generación del conocimiento y en las tecnologías de la información”.
Yves Courrier, refiriéndose a Castells, diferencia los dos términos de esta forma: “sociedad de la información” pone el énfasis en el contenido del trabajo (el proceso de captar, procesar y comunicar las informaciones necesarias), y “sociedad del conocimiento” en los agentes económicos, que deben poseer cualificaciones superiores para el ejercicio de su trabajo.
Con respecto a las visiones, se destacan los documentos que resultaron de la CMSI, por surgir de un proceso mundial. La Declaración de Principios de Ginebra, adoptada por los gobiernos con significativos aportes de la sociedad civil, expresa en su primer artículo:
“Nosotros (...) declaramos nuestro deseo y compromiso comunes de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y respetando plenamente y defendiendo la Declaración Universal de Derechos Humanos.”
Por su parte, la Declaración de la Sociedad Civil extiende su visión sobre varios párrafos, pero lo esencial dice:

“Nos comprometemos a constituir sociedades de la información y la comunicación centradas en la gente, incluyentes y equitativas. Sociedades en las que todas y todos puedan crear, utilizar, compartir y diseminar libremente la información y el conocimiento, así como acceder a éstos, con el fin de que particulares, comunidades y pueblos sean habilitados y habilitadas para mejorar su calidad de vida y llevar a la práctica su pleno potencial”.
De hecho, todo el proceso ha estado cruzado por al menos dos enfoques distintos, que a grandes rasgos se pueden resumir de la siguiente manera:
Para el primer enfoque, hablar de sociedad de la información se refiere a un nuevo paradigma de desarrollo que asigna a la tecnología un rol causal en el ordenamiento social, ubicándola como motor del desarrollo económico.
Para los países en desarrollo, este discurso implica que la transición hacia la sociedad de la información es esencialmente una cuestión de tiempo y de decisión política para crear las “condiciones habilitadoras” adecuadas. Algo parecido sucedería con relación a los sectores sociales afectados por la brecha digital, a los cuales habría que incluir mediante programas de acceso universal.
Al colocar a la tecnología en el centro de este modelo, la industria de telecomunicaciones aparece como la llamada a liderar su desarrollo; mientras que la industria productora de servicios y contenidos digitales asume una influencia inédita.
El segundo enfoque, se caracteriza por el predominio que han alcanzado la información, la comunicación y el conocimiento en la economía y en el conjunto de las actividades humanas. Según este enfoque, la tecnología es el soporte que ha desencadenado una aceleración de este proceso; pero no es un factor neutro, ni su rumbo es inexorable, puesto que el propio desarrollo tecnológico es orientado por juegos de intereses.
Siguiendo esta perspectiva, las políticas para el desarrollo de la sociedad de la información deben centrarse en los seres humanos, deben concebirse en función de sus necesidades y dentro de un marco de derechos humanos y justicia social. Los países en desarrollo y los actores sociales deberían tener un rol clave en la orientación de dicho proceso y de las decisiones.
En otras palabras, para este segundo enfoque, lo fundamental no es “información” sino “sociedad”. Mientras la primera hace referencia a datos, canales de transmisión y espacios de almacenamiento, la segunda habla de seres humanos, de culturas, de formas de organización y comunicación. La información se determina en función de la sociedad y no a la inversa.
Por ello, la Campaña por los Derechos a la Comunicación en la Sociedad de la Información (CRIS) señala en el documento sobre la CMSI “La Pregunta para la Sociedad Civil de cara a la CMSI” señala:
“Si la sociedad civil va a adoptar y rescatar la noción de una sociedad de la información, debe regresar a estas nociones básicas, planteando las preguntas correctas:

Descripción: - ¿Quién genera y posee la información y el conocimiento? ¿De qué manera está valorizado?

Descripción: - ¿De qué manera es difundido y distribuido el conocimiento? ¿Quiénes son los guardianes?

Descripción: - ¿Qué limita y facilita el uso del conocimiento por parte de la gente para lograr sus metas? ¿Quién está mejor y peor posicionado para aprovechar este conocimiento?
Dado el predominio adquirido por el término “sociedad de la información”, las formulaciones alternativas tienden a tomarla como referente para demarcarse. Una primera opinión tiene que ver con la palabra “sociedad” en singular, como si se tratara de una sociedad mundial uniforme. Se propone como alternativa hablar de “sociedades” (en plural) de la información o del conocimiento. Varios documentos de la UNESCO se refieren a “sociedades del conocimiento” (o del saber). Esta idea fue recogida por actores de la sociedad civil que participaron en la Cumbre y que adoptaron el término “sociedades” en sus documentos de consenso.

En cuanto a “información”, el argumento que aportó Antonio Pasquali (2002) tuvo bastante eco en la sociedad civil: “Informar connota por lo esencial mensajes unidireccionales causativos y ordenadores con tendencia a modificar el comportamiento de un perceptor pasivo; Comunicar, la interrelación de mensajes relacionales, dialogales y socializantes entre interlocutores igualmente habilitados para una libre y simultánea recepción/emisión. Si la Información tiende a disociar y jerarquizar los polos de la relación, la Comunicación tiende a asociarlos; sólo la Comunicación puede dar nacimiento a estructuras sociales” (énfasis del autor).

Y de hecho, los documentos de consenso de la sociedad civil adoptaron la fórmula “sociedades de la información y la comunicación”, para demarcarse de la visión tecnocéntrica presente en el discurso oficial, sin perder la referencia al tema de la Cumbre. Se podría considerar que esta opción fue un gesto importante en el contexto de la CMSI, pero no deja de ser una formulación pesada para el uso corriente.

En torno a “sociedad del conocimiento”, quienes lo defienden consideran que evoca justamente una visión más integral y un proceso esencialmente humano. Otros, sin embargo, la objetan por la asociación con el concepto dominante, que reduce el conocimiento a su función económica (la noción, por ejemplo, del “knowledge management” (gestión del conocimiento) en las empresas, que apunta esencialmente a cómo recabar y sacar provecho de los conocimientos de sus empleados); o que valora solamente el tipo de conocimiento supuestamente objetivo, científico y digitalizable en desmedro de aquellos que no lo son.
Una variante interesante, que surgió en el marco de los debates en torno a la CMSI, si bien tuvo poco eco en el proceso, es la de “sociedad(es) del saber compartido” o “de los saberes compartidos”.

Fue propuesta, entre otros, por Adama Samassékou (en ese entonces presidente del buró de la CMSI), quien dijo de la sociedad de la información: “Es importante comprender qué cubre este concepto: no se trata de una información que se difunde y se comparte sino más bien de una sociedad en la que se quiere comunicar de otra manera y compartir un saber. Se trata, pues, de una sociedad del saber compartido y del conocimiento”.

De tal manera a medida que transcurren los años, nuestra sociedad se ve influenciada por diversos factores que alteran su normal acción, por necesidad y por el avance de las tecnologías que poco a poco se están apoderando de nuestro diario vivir. Los factores que están influenciando hacia un cambio son el Conocimiento y la Información, incluyendo el interés de las personas por adquirir nuevos conocimientos y por las competencias que cada día son mucho más exigentes, dichos factores afectan en los distintos ámbitos de este sistema, ya sea en lo social, educacional, económico, político, entre otros.

La crisis actual comienza entre fines de siglo y en la entrada del nuevo milenio, realizando una transformación social, alterando la organización social, económica y política, siendo el único responsable de todo esto el Estado.

Alvin Toffler, tiende a dar un discurso dentro del carácter democrático, realizando un cambio de los recursos naturales, los cuales están siendo reemplazados por máquinas y otras tecnologías, en donde el recurso humano ha ido disminuyendo, produciendo mayor cantidad de productos en un mínimo de tiempo y dinero. Es por esto, que en la Educación en general, los docentes deben estar perfeccionándose y estar en constante capacitación y contacto con las tecnologías para ir entregando conocimientos actualizados a los niños y niñas de nuestro país.

“La diferencia entre el final del siglo XIX y el final del siglo XX es que el objetivo de fortalecer la cohesión social no puede ser encarado por la imposición de un único modelo ideológico, sino sobre la base del desarrollo del sujeto a través de la formación de sus competencias para construir su propia identidad” (Juan Carlos Tedesco, Encuentro Internacional de Educación Media”, pág 11, Agosto del 1999), también es importante considerar al sujeto como ser único e irrepetible el cual se debe aceptar su existencia y diferencias, aquí la educación vuelve a estar en acción en donde además debe solucionar dichos conflictos e integrarlos como objetivos transversales en la educación de los alumnos.

Las Políticas Educativas han cobrado una gran importancia en la actualidad las cuales garantizan una educación de calidad, tanto para familias de buena situación económica como también para aquellas de bajos recursos, de esta forma se puede lograr una mayor equidad e igualdad de oportunidades, será preciso además desarrollar con fuerza la capacidad de aprendizaje de todas las personas, en especial a aquellas que nacen en contextos de pobreza y precariedad social debido a que en su mayoría no están rodeados de un ambiente rico en recursos y de estímulos.

Finalmente se debe considerar que es necesario educarse durante toda la vida y adaptarse a los requerimientos de la sociedad, vivimos en un mundo en donde circulan medios tecnológicos cada vez más sofisticados y poderos. 

Como profesionales de la educación debemos estar a la par con las tecnologías, pero esto nos lleva a tener menos comunicación entre cada ente de este sociedad, por lo que también es importante inculcar la convivencia con otras personas y enfatizar las relaciones humanas.

Una de las nociones más recurrentes para justificar la implementación de las políticas neoliberales, en términos educativos y laborales, es la de "sociedad del conocimiento". Sin mayores explicaciones se suele afirmar que hemos entrado a una nueva forma de organización social, en la que lo decisivo sería el conocimiento y la información. En contravía con esa opinión, aquí sostenemos que la "sociedad del conocimiento" es otro de los sofismas de la vulgata de la globalización, sofisma esgrimido con la finalidad de justificar el supuesto cambio de época en que nos encontraríamos y la pretendida pérdida de importancia de los recursos naturales y de la producción material. Para controvertir esa gaseosa imagen de la "sociedad del conocimiento" en este ensayo consideramos tres cuestiones: en la primera se analiza el origen del vocablo y se establecen algunas relaciones con el capitalismo actual; en la segunda se escudriña en la forma como se concibe al conocimiento por parte de aquellos que promueven la emergencia de una supuesta nueva sociedad; y en la tercera se examina la contradicción evidente que resulta de constatar que, mientras se presume que vivimos en una época pletórica de conocimiento, se haya generalizado la ignorancia por todo el mundo.

La idea de conocimiento que buscamos sustentar de la "sociedad del conocimiento". Es  entender el sentido profundo de lo que está en juego con el término que estamos comentando, consiste en determinar ¿cuál es la noción de conocimiento que se encuentra tras el eslogan de "sociedad de conocimiento"? Y la decepción no puede ser más grande al constatar que, para los teóricos de la "nueva era", "conocimiento" es sinónimo puro y simple de información, lo cual pone de presente que no se está hablando de ninguna reflexión intelectual sino de procesamiento de información a vasta escala, llegando a plantear incluso la existencia de una "inteligencia artificial" de tipo maquinal. Por eso se habla de la casa inteligente, del automóvil inteligente, de la cafetera inteligente, del congelador inteligente… y mil denominaciones por el estilo, en verdad poco inteligentes, que están relacionadas con un comportamiento mecánico que se desarrolla a partir de unos determinados códigos informáticos. ¡Que eso pueda catalogarse como inteligente, no pasa de ser una estupidez!
Siguiendo con la lógica mecánica de la "inteligencia artificial", en la "era de la información" el saber se puede expresar en la ecuación: tecnología + cantidad de información = conocimiento. Los términos de esta ecuación expresan claramente a lo que se reduce el conocimiento en estos momentos: al empleo de tecnologías que aceleran el procesamiento de información, las cuales generan un gran cúmulo de datos, cuya cantidad supera la capacidad de procesamiento individual de una persona, sin que eso signifique en verdad conocimiento, entendiéndolo como producto de la acción de pensar, de reflexionar o de teorizar. Porque, además, cuando en la ecuación mencionada se habla de cantidad se sobreentiende que se está señalando la velocidad en procesar información y de su carácter efímero y desechable.

Un revelador ejemplo de lo que se entiende por "conocimiento" en la "sociedad del conocimiento" lo encontramos en una nota de prensa en la que se informaba que "a pedido de la agencia espacial canadiense, la empresa Tactex desarrolló en British Columbia telas inteligentes. En trozos de paño se cosen una serie de minúsculos censores que reaccionan a la presión. Ante todo, la tela de Tactex debe ser probada como revestimiento de asientos de automóviles. Reconoce a quien se sentó en el asiento del conductor.... Como bien lo comenta el filosofo alemán Robert Kurtz, "para un asiento de automóvil, se trata seguramente de un hecho grandioso", pero eso "no se puede considerar en serio como un paradigma del ‘acontecimiento intelectual del futuro’. El problema radica en que el concepto de inteligencia de la sociedad de la información -o del conocimiento- está específicamente modelado por la llamada ‘inteligencia artificial’", lo cual quiere decir que "estamos hablando de máquinas electrónicas que por medio del procesamiento de datos tienen una capacidad de almacenamiento cada vez más alta para simular actividades rutinarias del cerebro humano".
Para terminar, no tiene sentido hablar de "sociedad del conocimiento" en momentos en que se presenta el mayor genocidio cultural de todos los tiempos, patentizado en la desaparición acelerada de cientos de idiomas en todo el mundo, lo cual está asociado a la brutal imposición del inglés. Cada lengua que se pierde supone la desaparición de saberes extraordinarios sobre medicina, botánica, ecosistemas y el clima y conocimientos esenciales para el desarrollo de la agricultura. Al mismo tiempo, la erosión cultural que caracteriza a la sociedad capitalista actual se manifiesta, por ejemplo, en que los autores más traducidos y más leídos en el mundo escriben en inglés, y la mayor parte de esos autores (como Stephen King) han escrito libros basura, es decir, textos que no aportan nada ni al conocimiento ni al arte sino que son productos comerciales desechables sin ninguna utilidad duradera, tales como novelas tontas, ciencia-ficción de pésima calidad, recetas de cocina o técnicas para adelgazar. Por todo ello, podemos señalar que paradójicamente, y en contra de los lugares comunes, "nuestra generación es la primera en la historia que ha perdido más conocimiento del que ha adquirido"

Para terminar, puedo decir que esta sociedad lleva un ritmo de cambio muy rápido, con innovaciones muy importantes, en donde el conocimiento es muy valorado, y siendo nosotros partícipes de esta, pronto nos veremos inmersos en un proceso nuevo de evolución que traerá nuevos cambios muy significativos. Solo queda empezar a coger la rienda del desarrollo y unirnos a la idea de ser un ente más que contribuya al mismo.


CONCLUSION

En base a la realidad observada actualmente se prevé el destino que le espera a la sociedad del siglo XXI influenciado grandemente por las Tecnologías de la Información y la Comunicación que es llevarlo hacia una sociedad globalizada. También, es necesario reconocer que las sociedades de la información están basadas principalmente en tecnologías de redes por lo que es necesario que cada individuo posea conocimientos básicos en el uso de las tecnologías digitales así como la comunicación en la diversidad lingüística ya que si no se reúnen los conocimientos básicos para estas sociedades serán considerados como analfabetas desde el punto de vista del desconocimiento de las tecnologías digitales o el dominio de algunas lengua extrajera. En el análisis realizado sobre el tema “hacia las sociedades del conocimiento”  que es un informe realizado por la UNESCO, en el año 2005, se deja notar una gran realidad al cual nos vemos involucrados todos y sin saber cómo actuar, misma que es respaldada por otros teóricos que coinciden con el análisis realizado por esta organización, tal es el caso de Alaín Touraine, Manuel Castells, Ulrich Beck y Jaques Delors quienes resumen que ante la sociedad del conocimiento se desarrolla bajo un mismo nivel de libertad y pluriculturalidad, que estamos bajos una sociedad de redes y que al mismo tiempo se genera una sociedad del riesgo pero que tenemos que prevalecer actuando eficientemente Bajo los pilares fundamentales de la educación que se resumen en “Aprender a conocer, aprender a Hacer, aprender a Ser y aprender a convivir”

Los cambios tecnológicos, desde la antigüedad, generalmente habían tendido a facilitar el trabajo humano, reemplazando la fuerza física por la capacidad mental y la inteligencia de los trabajadores. En la actualidad, el desarrollo alcanzado por los productos informáticos tiende a reemplazar también la parte más rutinaria y mecánica de la actividad mental humana por el trabajo de las computadoras.

Por lo tanto, desaparecen numerosos puestos de trabajo que sólo exigen fuerza muscular y niveles bajos de capacitación. En cambio aparecen nuevos tipos de tareas que antes no existían. En la actualidad, quien no sabe manejar un ordenador, aunque sólo sea elementalmente, se considera casi un analfabeto. Este proceso sigue avanzando hacia la inteligencia artificial y la robotización, y nadie sabe hasta dónde podrá llegarse en esta dirección. Es evidente que tales desarrollos plantean problemas graves a la humanidad.

Es paradójico que el aumento de la productividad esté acompañado en todos los países occidentales de una creciente desocupación y malestar social, en lugar de bienestar. Es evidente que la organización económica y social deberá cambiar totalmente para que este desarrollo conduzca a una mejor distribución de los bienes y a una justicia social. En la época presente, todos los aspectos de la cultura están tan vinculados con la tecnología que es ésta determina el futuro de la humanidad como nunca antes lo hizo.

fuente: Marianny Rodriguez, Maria Azuaje, Rosa Fernandez, Milagros Higuera, William Lopez
publicado: 16/07/2012

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