INTRODUCCION
Entre los usos del habla en la
actualidad y en casi toda obra dedicada a la Internet y a los efectos de las
nuevas tecnologías en las sociedades, figura cada vez con mayor asiduidad, pero
a la vez con imprecisiones, el referente a la Sociedad del Conocimiento. Tanto para determinar ejes privativos
de cada sociedad en áreas geopolíticas diferentes, como para señalar caminos de
desarrollo a partir de propósitos determinados o por la educación o por la
ciencia y la tecnología y también para la gestión de trabajos mediados por las
tecnologías. El término no es nuevo pero se asentó con fuerza en América Latina
y Central en el siglo XXI, particularmente después del 11 de septiembre del
2001. El concepto remite a una nueva era en que la vida humana estará impregnada
con mayor fuerza por una producción técnica. Alrededor de este eje que se
convierte en proceso político destacado por programas gubernamentales y
convocatorias internacionales, todo lo relativo a la civilización toma un sesgo
diferente por el valor dado a una energía derivada de las telecomunicaciones
que se transforma en economía para el desarrollo.
Menos nuevo es el uso del término
Información y su recurrente Sociedad de la Información que se cree que sólo
nombra a lo informático. Como señala Armand Mattelart, la sociedad regida por
la información, o por el "dato", coincide con el proyecto de la
modernidad, fue el lenguaje matemático como arquetipo de razonamiento y de la
acción el que ha despertado esta curiosidad en el mundo occidental
Desde la perspectiva sociológica las controversias sobre la nominación a las sociedades según épocas históricas han sido consustanciales al nacimiento propio de la sociología. Recordemos que la misma nació tanto por los cambios que acaecieron por la Revolución Industrial como por sus efectos en las instituciones y en las relaciones sociales, atribuyendo según teóricos, o padres fundadores, papeles especiales ya fueren al empresariado o a las clases sociales. Con el informacionalismo están pasando procesos semejantes, éste recorre desde las ideas de los thinks thanks, la política, la ideología, las clases sociales y sus luchas, la futurología, los medios académicos, pero instaura un nuevo lenguaje y una nueva ontología en la que el diseño del uso de diversas prácticas deviene a su vez en diferentes relaciones sociales.
Desde la perspectiva sociológica las controversias sobre la nominación a las sociedades según épocas históricas han sido consustanciales al nacimiento propio de la sociología. Recordemos que la misma nació tanto por los cambios que acaecieron por la Revolución Industrial como por sus efectos en las instituciones y en las relaciones sociales, atribuyendo según teóricos, o padres fundadores, papeles especiales ya fueren al empresariado o a las clases sociales. Con el informacionalismo están pasando procesos semejantes, éste recorre desde las ideas de los thinks thanks, la política, la ideología, las clases sociales y sus luchas, la futurología, los medios académicos, pero instaura un nuevo lenguaje y una nueva ontología en la que el diseño del uso de diversas prácticas deviene a su vez en diferentes relaciones sociales.
Lo que hoy es denominado revolución del conocimiento está compuesto por avances digitales y biotecnológicos y es considerada la principal fuente de riqueza de las economías dinámicas y competitivas. De manera que la revolución informática, la digital y la genética han transformado al mundo y son las formas actuales de generar riquezas para las sociedades. El término sociedad del conocimiento resulta polisémico y tendrá usos indistintos según fuere para la educación, la ciencia en función de economía o la recurrencia a un progreso indefinido con la que cada sociedad se salvará de las crisis mundiales y nacionales.
Nos detendremos aquí en el peculiar uso del término la sociedad del conocimiento, que no es indistinto en América Latina y en las consecuencias de la aplicación del paradigma digital emanado por los países del Norte. Con una imitación en los del Sur, la perpetuación de brechas económicas y sociales por una diferente división del trabajo que ha determinado un cambio en el modo en que la estructura de producción capitalista arroja a las periferias todas sus excrecencias, en las que ha cambiado la circulación de los datos y los objetos en función del uso intensivo de las máquinas de información. Por último trataremos de acercarnos a la propuesta que el conocimiento no es una particularidad de la técnica sino una convergencia entre la política y la técnica, que se adecua según momentos históricos en matices, nudos y coyunturas.
La Sociedad Del Conocimiento y
Sociedad de La Información
Vivimos
en una época de cambios o un cambio de época? ¿Cómo caracterizar a las
profundas transformaciones que vienen con la acelerada introducción en la
sociedad de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación (TIC)? ¿Se trata de una nueva etapa de la
sociedad industrial o estamos entrando en una nueva era? “Aldea global”, “era
tecnotrónica”, “sociedad postindustrial”, “era o sociedad de la información” y
“sociedad del conocimiento” son algunos de los términos que se han acuñado en
el intento por identificar y entender el alcance de estos cambios. Pero
mientras el debate prosigue en el ámbito teórico, la realidad corre por delante
y los medios de comunicación eligen los nombres que hemos de usar.
Cualquier
término que usemos, en el fondo, es un atajo que nos permite hacer referencia a
un fenómeno actual o futuro, sin tener que describirlo cada vez; pero el
término escogido no define, de por sí, un contenido. El contenido emerge de los
usos en un contexto social dado, que a su vez influyen en las percepciones y
expectativas ya que cada término lleva consigo un pasado y un sentido (o
sentidos), con su respectivo bagaje ideológico. Era de esperarse, entonces, que
cualquier término que se quiera emplear para designar la sociedad en la que
vivimos, o a la cual aspiramos, sea objeto de una disputa de sentidos, tras la
que se enfrentan diferentes proyectos de sociedad.
En
el marco de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información CMSI, hay dos términos que han ocupado el
escenario: sociedad de la información y sociedad del conocimiento, con sus
respectivas variantes. Pero, si bien el marco impuso el uso del primero, desde
un inicio provocó disconformidad y ningún término ha logrado un consenso.
Historia
de los términos
Sociedad
de la información
En
la última década, la expresión “sociedad de la información” se ha consagrado
sin lugar a dudas como el término hegemónico, no necesariamente porque exprese
una claridad teórica, sino por el bautizo que recibió en las políticas
oficiales de los países más desarrollados, además de la coronación que
significó honrarlo con una Cumbre Mundial.
Los
antecedentes del término, sin embargo, datan de décadas anteriores. En 1973, el
sociólogo estadounidense Daniel Bell introdujo la noción de la “sociedad de la
información” en su libro El
advenimiento de la sociedad post-industrial, donde formula que el eje
principal de ésta será el conocimiento teórico y advierte que los servicios
basados en el conocimiento habrán de convertirse en la estructura central de la
nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información, donde las
ideologías resultarán sobrando.
Esta
expresión reaparece con fuerza en los años 90, en el contexto del desarrollo de
Internet y de las TIC. A partir de 1995, fue incluida en la agenda de las
reuniones del G7 (luego G8, donde se juntan los jefes de Estado o gobierno de
las naciones más poderosas del planeta). Se ha abordado en foros de la Comunidad
Europea y de la OCDE (los treinta países más desarrollados del mundo) y ha sido
adoptada por el gobierno de los Estados Unidos, así como por varias agencias de
las Naciones Unidas y por el Grupo Banco Mundial. Todo ello con gran eco
mediático. A partir de 1998, fue elegida, primero en la Unión Internacional de
Telecomunicaciones y luego en la ONU, como el nombre de la Cumbre Mundial a
realizarse en 2003 y 2005.
En
este contexto, el concepto de “sociedad de la información”, como construcción
política e ideológica, se ha desarrollado de la mano de la globalización
neoliberal, cuya principal meta ha sido acelerar la instauración de un mercado
mundial abierto y “autorregulado”. Esta política ha contado con la estrecha
colaboración de organismos multilaterales como la Organización Mundial del
Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, para
que los países débiles abandonen las regulaciones nacionales o medidas
proteccionistas que “desalentarían” la inversión; todo ello con el conocido
resultado de la escandalosa profundización de las brechas entre ricos y pobres
en el mundo.
En
efecto, para fines de siglo, cuando la mayoría de los países desarrollados ya
habían adoptado políticas de desarrollo de la infraestructura de las TIC, se
produce el auge espectacular del mercado de acciones de la industria de la
comunicación. Pero los mercados del Norte comienzan a saturarse. Entonces, se
intensifican las presiones hacia los países en desarrollo para que dejen la vía
libre a la inversión de las empresas de telecomunicaciones e informática, en
busca de nuevos mercados para absorber sus excedentes de ganancias. Es en este
contexto que se convoca la CMSI; panorama que se modifica, sin embargo, una vez
que estalla la burbuja bursátil a partir del año 2000. No obstante esta
realidad y el rol clave que las tecnologías de la comunicación han desempeñado
en la aceleración de la globalización económica, su imagen pública está más
asociada a los aspectos más “amigables” de la globalización, como Internet,
telefonía celular e internacional, TV por satélite, etc. Así, la sociedad de la
información ha asumido la función de “embajadora de buena voluntad” de la
globalización, cuyos “beneficios” podrían estar al alcance de todos/as, si
solamente se pudiera estrechar la “brecha digital”.
Sociedad
del conocimiento
La
noción de “sociedad del conocimiento” surgió hacia finales de los años 90 y es
empleada particularmente en medios académicos, como alternativa de algunos a
“sociedad de la información”.
La
UNESCO, en particular, ha adoptado el término “sociedad del conocimiento”, o su
variante “sociedades del saber”, dentro de sus políticas institucionales. Ha
desarrollado una reflexión en torno al tema, que busca incorporar una
concepción más integral, no en relación únicamente con la dimensión económica.
Por ejemplo, Abdul Waheed Khan (subdirector general de la UNESCO para la
Comunicación y la Información), aporta lo siguiente:
“La sociedad de la Información es la piedra
angular de las sociedades del conocimiento. El concepto de “sociedad de la
información”, a mi parecer, está relacionado con la idea de la “innovación
tecnológica”, mientras que el concepto de “sociedades del conocimiento” incluye
una dimensión de transformación social, cultural, económica, política e institucional,
así como una perspectiva más pluralista y desarrolladora. El concepto de
“sociedades del conocimiento” es preferible al de la “sociedad de la
información” ya que expresa mejor la complejidad y el dinamismo de los cambios
que se están dando. (...) el conocimiento en cuestión no sólo es importante
para el crecimiento económico sino también para empoderar y desarrollar todos
los sectores de la sociedad”.
Un
matiz en este debate, que solo concierne a los idiomas latinos, es la
distinción entre sociedad del “conocimiento” o del “saber”. La noción de
“saberes” implica certezas más precisas o prácticas, mientras que conocimiento
abarca una comprensión más global o analítica.
André Gorz considera que los conocimientos se
refieren a “contenidos formalizados,
objetivados, que no pueden, por definición, pertenecer a las personas... El
saber está hecho de experiencias y de prácticas que se volvieron evidencias
intuitivas y costumbres”. Para Gorz, la “inteligencia” cubre toda la
gama de capacidades que permite combinar saberes con conocimientos. Sugiere,
entonces, que “la sociedad del
conocimiento” se traduzca por “sociedad de la inteligencia”.
En
todo caso, por lo general, en este contexto se utiliza indistintamente sociedad
del conocimiento o del saber, si bien en español conocimiento parece ser más
usual.
Definiciones
actuales:
Es
preciso diferenciar aquí aquellas definiciones que apuntan a caracterizar una
realidad existente o emergente de aquellas que expresan una visión -o anhelo-
de una sociedad potencial. Las dos son relevantes: las primeras por su aporte
al análisis, las segundas porque orientan políticas y acciones.
En
la primera categoría nos referiremos a Manuel Castells por ser uno de los
investigadores que más ha desarrollado el tema, además de ser una autoridad
reconocida en la materia. Castells prefiere el término “sociedad informacional”
antes que “sociedad de la información” (haciendo la comparación con la
diferencia entre industria e industrial). Él señala que si bien el conocimiento
y la información son elementos decisivos en todos los modos de desarrollo, “el término informacional indica el atributo
de una forma específica de organización social en la que la generación, el
procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes
fundamentales de la productividad y el poder, debido a las nuevas condiciones
tecnológicas que surgen en este período histórico”.
Más
adelante precisa: “Lo que caracteriza
a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y
la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos
de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación,
en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos”.
Y acota: “La difusión de la
tecnología amplifica infinitamente su poder cuando sus usuarios se la apropian
y la redefinen. Las nuevas tecnologías de la información no son sólo
herramientas que aplicar, sino procesos que desarrollar. (...) Por primera vez
en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no sólo un
elemento decisivo del sistema de producción”.
En
cuanto a la sociedad del conocimiento, en una publicación posterior señala: “se trata de una sociedad en la que las
condiciones de generación de conocimiento y procesamiento de información han
sido sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica centrada en el
procesamiento de información, en la generación del conocimiento y en las
tecnologías de la información”.
Yves
Courrier, refiriéndose a Castells, diferencia los dos términos de esta forma:
“sociedad de la información” pone el énfasis en el contenido del trabajo (el
proceso de captar, procesar y comunicar las informaciones necesarias), y
“sociedad del conocimiento” en los agentes económicos, que deben poseer
cualificaciones superiores para el ejercicio de su trabajo.
Con
respecto a las visiones, se destacan los documentos que resultaron de la CMSI,
por surgir de un proceso mundial. La Declaración de Principios de Ginebra, adoptada
por los gobiernos con significativos aportes de la sociedad civil, expresa en
su primer artículo:
“Nosotros (...) declaramos nuestro deseo y
compromiso comunes de construir una Sociedad de la Información centrada en la
persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear,
consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las
personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus
posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su
calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de
las Naciones Unidas y respetando plenamente y defendiendo la Declaración
Universal de Derechos Humanos.”
Por
su parte, la Declaración de la Sociedad Civil extiende su visión sobre varios
párrafos, pero lo esencial dice:
“Nos comprometemos a constituir sociedades de la información y la comunicación centradas en la gente, incluyentes y equitativas. Sociedades en las que todas y todos puedan crear, utilizar, compartir y diseminar libremente la información y el conocimiento, así como acceder a éstos, con el fin de que particulares, comunidades y pueblos sean habilitados y habilitadas para mejorar su calidad de vida y llevar a la práctica su pleno potencial”.
De
hecho, todo el proceso ha estado cruzado por al menos dos enfoques distintos,
que a grandes rasgos se pueden resumir de la siguiente manera:
Para
el primer enfoque, hablar de sociedad de la información se refiere a un nuevo
paradigma de desarrollo que asigna a la tecnología un rol causal en el
ordenamiento social, ubicándola como motor del desarrollo económico.
Para
los países en desarrollo, este discurso implica que la transición hacia la
sociedad de la información es esencialmente una cuestión de tiempo y de
decisión política para crear las “condiciones habilitadoras” adecuadas. Algo
parecido sucedería con relación a los sectores sociales afectados por la brecha
digital, a los cuales habría que incluir mediante programas de acceso
universal.
Al
colocar a la tecnología en el centro de este modelo, la industria de
telecomunicaciones aparece como la llamada a liderar su desarrollo; mientras
que la industria productora de servicios y contenidos digitales asume una
influencia inédita.
El
segundo enfoque, se caracteriza por el predominio que han alcanzado la
información, la comunicación y el conocimiento en la economía y en el conjunto
de las actividades humanas. Según este enfoque, la tecnología es el soporte que
ha desencadenado una aceleración de este proceso; pero no es un factor neutro,
ni su rumbo es inexorable, puesto que el propio desarrollo tecnológico es
orientado por juegos de intereses.
Siguiendo
esta perspectiva, las políticas para el desarrollo de la sociedad de la
información deben centrarse en los seres humanos, deben concebirse en función
de sus necesidades y dentro de un marco de derechos humanos y justicia social.
Los países en desarrollo y los actores sociales deberían tener un rol clave en
la orientación de dicho proceso y de las decisiones.
En
otras palabras, para este segundo enfoque, lo fundamental no es “información”
sino “sociedad”. Mientras la primera hace referencia a datos, canales de
transmisión y espacios de almacenamiento, la segunda habla de seres humanos, de
culturas, de formas de organización y comunicación. La información se determina
en función de la sociedad y no a la inversa.
Por
ello, la Campaña por los Derechos a la Comunicación en la Sociedad de la
Información (CRIS) señala en el documento sobre la CMSI “La Pregunta para la Sociedad Civil de cara a
la CMSI” señala:
“Si la sociedad civil va a adoptar y rescatar
la noción de una sociedad de la información, debe regresar a estas nociones
básicas, planteando las preguntas correctas:
¿Quién
genera y posee la información y el conocimiento? ¿De qué manera está
valorizado?
¿De
qué manera es difundido y distribuido el conocimiento? ¿Quiénes son los
guardianes?
¿Qué
limita y facilita el uso del conocimiento por parte de la gente para lograr sus
metas? ¿Quién está mejor y peor posicionado para aprovechar este conocimiento?”
Dado
el predominio adquirido por el término “sociedad de la información”, las
formulaciones alternativas tienden a tomarla como referente para demarcarse.
Una primera opinión tiene que ver con la palabra “sociedad” en singular, como
si se tratara de una sociedad mundial uniforme. Se propone como alternativa
hablar de “sociedades” (en plural) de la información o del conocimiento. Varios
documentos de la UNESCO se refieren a “sociedades del conocimiento” (o del
saber). Esta idea fue recogida por actores de la sociedad civil que
participaron en la Cumbre y que adoptaron el término “sociedades” en sus
documentos de consenso.
En
cuanto a “información”, el argumento que aportó Antonio Pasquali (2002) tuvo
bastante eco en la sociedad civil: “Informar
connota por lo esencial mensajes unidireccionales causativos y ordenadores con
tendencia a modificar el comportamiento de un perceptor pasivo; Comunicar, la
interrelación de mensajes relacionales, dialogales y socializantes entre
interlocutores igualmente habilitados para una libre y simultánea
recepción/emisión. Si la Información tiende a disociar y jerarquizar los polos
de la relación, la Comunicación tiende a asociarlos; sólo la Comunicación puede
dar nacimiento a estructuras sociales” (énfasis del autor).
Y
de hecho, los documentos de consenso de la sociedad civil adoptaron la fórmula
“sociedades de la información y la comunicación”, para demarcarse de la visión
tecnocéntrica presente en el discurso oficial, sin perder la referencia al tema
de la Cumbre. Se podría considerar que esta opción fue un gesto importante en
el contexto de la CMSI, pero no deja de ser una formulación pesada para el uso
corriente.
En
torno a “sociedad del conocimiento”, quienes lo defienden consideran que evoca
justamente una visión más integral y un proceso esencialmente humano. Otros,
sin embargo, la objetan por la asociación con el concepto dominante, que reduce
el conocimiento a su función económica (la noción, por ejemplo, del “knowledge management” (gestión del
conocimiento) en las empresas, que apunta esencialmente a cómo recabar y sacar
provecho de los conocimientos de sus empleados); o que valora solamente el tipo
de conocimiento supuestamente objetivo, científico y digitalizable en desmedro
de aquellos que no lo son.
Una
variante interesante, que surgió en el marco de los debates en torno a la CMSI,
si bien tuvo poco eco en el proceso, es la de “sociedad(es) del saber
compartido” o “de los saberes compartidos”.
Fue
propuesta, entre otros, por Adama Samassékou (en ese entonces presidente del
buró de la CMSI), quien dijo de la sociedad de la información: “Es importante comprender qué cubre este
concepto: no se trata de una información que se difunde y se comparte sino más
bien de una sociedad en la que se quiere comunicar de otra manera y compartir
un saber. Se trata, pues, de una sociedad del saber compartido y del
conocimiento”.
De tal manera a medida
que transcurren los años, nuestra sociedad se ve influenciada por diversos
factores que alteran su normal acción, por necesidad y por el avance de las
tecnologías que poco a poco se están apoderando de nuestro diario vivir. Los
factores que están influenciando hacia un cambio son el Conocimiento y la
Información, incluyendo el interés de las personas por adquirir nuevos
conocimientos y por las competencias que cada día son mucho más exigentes,
dichos factores afectan en los distintos ámbitos de este sistema, ya sea en lo
social, educacional, económico, político, entre otros.
La crisis actual comienza
entre fines de siglo y en la entrada del nuevo milenio, realizando una
transformación social, alterando la organización social, económica y política,
siendo el único responsable de todo esto el Estado.
Alvin Toffler, tiende a
dar un discurso dentro del carácter democrático, realizando un cambio de los
recursos naturales, los cuales están siendo reemplazados por máquinas y otras
tecnologías, en donde el recurso humano ha ido disminuyendo, produciendo mayor
cantidad de productos en un mínimo de tiempo y dinero. Es por esto, que en la
Educación en general, los docentes deben estar perfeccionándose y estar en
constante capacitación y contacto con las tecnologías para ir entregando
conocimientos actualizados a los niños y niñas de nuestro país.
“La diferencia entre el
final del siglo XIX y el final del siglo XX es que el objetivo de fortalecer la
cohesión social no puede ser encarado por la imposición de un único modelo
ideológico, sino sobre la base del desarrollo del sujeto a través de la
formación de sus competencias para construir su propia identidad” (Juan Carlos
Tedesco, Encuentro Internacional de Educación Media”, pág 11, Agosto del 1999),
también es importante considerar al sujeto como ser único e irrepetible el cual
se debe aceptar su existencia y diferencias, aquí la educación vuelve a estar
en acción en donde además debe solucionar dichos conflictos e integrarlos como
objetivos transversales en la educación de los alumnos.
Las Políticas Educativas
han cobrado una gran importancia en la actualidad las cuales garantizan una
educación de calidad, tanto para familias de buena situación económica como
también para aquellas de bajos recursos, de esta forma se puede lograr una
mayor equidad e igualdad de oportunidades, será preciso además desarrollar con
fuerza la capacidad de aprendizaje de todas las personas, en especial a
aquellas que nacen en contextos de pobreza y precariedad social debido a que en
su mayoría no están rodeados de un ambiente rico en recursos y de estímulos.
Finalmente se debe
considerar que es necesario educarse durante toda la vida y adaptarse a los
requerimientos de la sociedad, vivimos en un mundo en donde circulan medios
tecnológicos cada vez más sofisticados y poderos.
Como profesionales de la
educación debemos estar a la par con las tecnologías, pero esto nos lleva a
tener menos comunicación entre cada ente de este sociedad, por lo que también
es importante inculcar la convivencia con otras personas y enfatizar las
relaciones humanas.
Una de las nociones más
recurrentes para justificar la implementación de las políticas neoliberales, en
términos educativos y laborales, es la de "sociedad del
conocimiento". Sin mayores explicaciones se suele afirmar que hemos
entrado a una nueva forma de organización social, en la que lo decisivo sería
el conocimiento y la información. En contravía con esa opinión, aquí sostenemos
que la "sociedad del conocimiento" es otro de los sofismas de la
vulgata de la globalización, sofisma esgrimido con la finalidad de justificar
el supuesto cambio de época en que nos encontraríamos y la pretendida pérdida
de importancia de los recursos naturales y de la producción material. Para
controvertir esa gaseosa imagen de la "sociedad del conocimiento" en
este ensayo consideramos tres cuestiones: en la primera se analiza el origen
del vocablo y se establecen algunas relaciones con el capitalismo actual; en la
segunda se escudriña en la forma como se concibe al conocimiento por parte de
aquellos que promueven la emergencia de una supuesta nueva sociedad; y en la
tercera se examina la contradicción evidente que resulta de constatar que,
mientras se presume que vivimos en una época pletórica de conocimiento, se haya
generalizado la ignorancia por todo el mundo.
La
idea de conocimiento que buscamos sustentar de la "sociedad del
conocimiento". Es entender el sentido profundo de lo que está en
juego con el término que estamos comentando, consiste en determinar ¿cuál es la
noción de conocimiento que se encuentra tras el eslogan de "sociedad de
conocimiento"? Y la decepción no puede ser más grande al constatar que,
para los teóricos de la "nueva era", "conocimiento" es
sinónimo puro y simple de información, lo cual pone de presente que no se está
hablando de ninguna reflexión intelectual sino de procesamiento de información
a vasta escala, llegando a plantear incluso la existencia de una
"inteligencia artificial" de tipo maquinal. Por eso se habla de la
casa inteligente, del automóvil inteligente, de la cafetera inteligente, del
congelador inteligente… y mil denominaciones por el estilo, en verdad poco
inteligentes, que están relacionadas con un comportamiento mecánico que se
desarrolla a partir de unos determinados códigos informáticos. ¡Que eso pueda
catalogarse como inteligente, no pasa de ser una estupidez!
Siguiendo con la lógica
mecánica de la "inteligencia artificial", en la "era de la
información" el saber se puede expresar en la ecuación: tecnología + cantidad de información =
conocimiento. Los términos de esta ecuación expresan claramente a lo que
se reduce el conocimiento en estos momentos: al empleo de tecnologías que
aceleran el procesamiento de información, las cuales generan un gran cúmulo de
datos, cuya cantidad supera la capacidad de procesamiento individual de una
persona, sin que eso signifique en verdad conocimiento, entendiéndolo como
producto de la acción de pensar, de reflexionar o de teorizar. Porque, además,
cuando en la ecuación mencionada se habla de cantidad se sobreentiende que se
está señalando la velocidad en procesar información y de su carácter efímero y
desechable.
Un revelador ejemplo de
lo que se entiende por "conocimiento" en la "sociedad del
conocimiento" lo encontramos en una nota de prensa en la que se informaba
que "a pedido de la agencia espacial canadiense, la empresa Tactex desarrolló
en British Columbia telas inteligentes. En trozos de paño se cosen una serie de
minúsculos censores que reaccionan a la presión. Ante todo, la tela de Tactex
debe ser probada como revestimiento de asientos de automóviles. Reconoce a
quien se sentó en el asiento del conductor.... Como bien lo comenta el filosofo alemán Robert Kurtz,
"para un asiento de automóvil, se trata seguramente de un hecho
grandioso", pero eso "no se puede considerar en serio como un
paradigma del ‘acontecimiento intelectual del futuro’. El problema radica en
que el concepto de inteligencia de la sociedad de la información -o del
conocimiento- está específicamente modelado por la llamada ‘inteligencia
artificial’", lo cual quiere decir que "estamos hablando de máquinas
electrónicas que por medio del procesamiento de datos tienen una capacidad de
almacenamiento cada vez más alta para simular actividades rutinarias del
cerebro humano".
Para terminar, no tiene
sentido hablar de "sociedad del conocimiento" en momentos en que se
presenta el mayor genocidio cultural de todos los tiempos, patentizado en la
desaparición acelerada de cientos de idiomas en todo el mundo, lo cual está
asociado a la brutal imposición del inglés. Cada lengua que se pierde supone la
desaparición de saberes extraordinarios sobre medicina, botánica, ecosistemas y
el clima y conocimientos esenciales para el desarrollo de la agricultura. Al
mismo tiempo, la erosión cultural que caracteriza a la sociedad capitalista
actual se manifiesta, por ejemplo, en que los autores más traducidos y más
leídos en el mundo escriben en inglés, y la mayor parte de esos autores (como
Stephen King) han escrito libros basura, es decir, textos que no aportan nada
ni al conocimiento ni al arte sino que son productos comerciales desechables sin
ninguna utilidad duradera, tales como novelas tontas, ciencia-ficción de pésima
calidad, recetas de cocina o técnicas para adelgazar. Por todo ello, podemos señalar
que paradójicamente, y en contra de los lugares comunes, "nuestra
generación es la primera en la historia que ha perdido más conocimiento del que
ha adquirido"
Para terminar, puedo
decir que esta sociedad lleva un ritmo de cambio muy rápido, con innovaciones
muy importantes, en donde el conocimiento es muy valorado, y siendo nosotros
partícipes de esta, pronto nos veremos inmersos en un proceso nuevo de
evolución que traerá nuevos cambios muy significativos. Solo queda empezar a
coger la rienda del desarrollo y unirnos a la idea de ser un ente más que
contribuya al mismo.
CONCLUSION
En
base a la realidad observada actualmente se prevé el destino que le espera a la
sociedad del siglo XXI influenciado grandemente por las Tecnologías de la
Información y la Comunicación que es llevarlo hacia una sociedad globalizada.
También, es necesario reconocer que las sociedades de la información están
basadas principalmente en tecnologías de redes por lo que es necesario que cada
individuo posea conocimientos básicos en el uso de las tecnologías digitales
así como la comunicación en la diversidad lingüística ya que si no se reúnen
los conocimientos básicos para estas sociedades serán considerados como
analfabetas desde el punto de vista del desconocimiento de las tecnologías
digitales o el dominio de algunas lengua extrajera. En el análisis realizado
sobre el tema “hacia las sociedades del conocimiento” que es un informe realizado por la UNESCO, en
el año 2005, se deja notar una gran realidad al cual nos vemos involucrados
todos y sin saber cómo actuar, misma que es respaldada por otros teóricos que
coinciden con el análisis realizado por esta organización, tal es el caso de
Alaín Touraine, Manuel Castells, Ulrich Beck y Jaques Delors quienes resumen
que ante la sociedad del conocimiento se desarrolla bajo un mismo nivel de
libertad y pluriculturalidad, que estamos bajos una sociedad de redes y que al
mismo tiempo se genera una sociedad del riesgo pero que tenemos que prevalecer
actuando eficientemente Bajo los pilares fundamentales de la educación que se
resumen en “Aprender a conocer, aprender a Hacer, aprender a Ser y aprender a
convivir”
Los
cambios tecnológicos, desde la antigüedad, generalmente habían tendido a
facilitar el trabajo humano, reemplazando la fuerza física por la capacidad
mental y la inteligencia de los trabajadores. En la actualidad, el desarrollo
alcanzado por los productos informáticos tiende a reemplazar también la parte
más rutinaria y mecánica de la actividad mental humana por el trabajo de las
computadoras.
Por
lo tanto, desaparecen numerosos puestos de trabajo que sólo exigen fuerza
muscular y niveles bajos de capacitación. En cambio aparecen nuevos tipos de
tareas que antes no existían. En la actualidad, quien no sabe manejar un
ordenador, aunque sólo sea elementalmente, se considera casi un analfabeto.
Este proceso sigue avanzando hacia la inteligencia artificial y la
robotización, y nadie sabe hasta dónde podrá llegarse en esta dirección. Es
evidente que tales desarrollos plantean problemas graves a la humanidad.
Es
paradójico que el aumento de la productividad esté acompañado en todos los
países occidentales de una creciente desocupación y malestar social, en lugar
de bienestar. Es evidente que la organización económica y social deberá cambiar
totalmente para que este desarrollo conduzca a una mejor distribución de los
bienes y a una justicia social. En la época presente, todos los aspectos de la
cultura están tan vinculados con la tecnología que es ésta determina el futuro
de la humanidad como nunca antes lo hizo.
fuente: Marianny Rodriguez, Maria Azuaje, Rosa Fernandez, Milagros Higuera, William Lopez
publicado: 16/07/2012

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